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Cinco lecciones que los niños aprenden al compás de la música

El ritmo es un maestro invisible que nos enseña a hablar, coordinar movimientos, ejercitar la memoria, expresar emociones y ganar autoestima.

 

 

Un bebé, una cacerola y una cuchara de palo. ¿Qué escena acaba de pasar por tu mente? El niño aporreado la cazuela y tú sin saber cómo pararle. ¿Me equivoco?

Enseguida pensamos en el ruido, en que molesta, en que nos pondrá la cabeza como un bombo.

Pero, ¿y si pensamos por qué les gusta tanto? Por qué un bebé, que apenas es capaz de centrarse en nada, se concentra tanto si se trata de aporrear una cazuela o lo que le pongamos delante.

Seguramente, es que no está aporreando un objeto. Ésa es solo nuestra percepción si nos quedamos en la superficie.

En realidad, está haciendo uno de los grandes descubrimientos de su infancia: el sonido.

Y no es cualquier sonido. Está descubriendo el sonido rítmico, ése que puede producir él mismo con sus propias manos. Sin ayuda de nadie. Él solo es capaz de producir sonidos a su antojo. Más rápido, más lento, más o menos fuerte…

Un movimiento por su parte desencadena una consecuencia: causa y efecto. ¿Sabes lo importante que es todo esto para el niño?

Ese ‘ruido’ que preferirías no oír es un maestro invisible que le está enseñando 5 lecciones muy valiosas:

Autoestima

“Esto lo he hecho yo solo”. Imagina la inyección de autoestima que supone para un niño descubrir que puede hacer cosas solo. Que puede provocar cambios a su alrededor sin ayuda de nadie.

Hace poco hablábamos de lo importante que es para nuestros pequeños esos logros personales. La autoestima y la confianza en sí mismos. Porque es ese sentimiento de satisfacción personal el que les empuja a intentar hacer cada día algo nuevo.

Y la música, la percusión al principio, les demuestra que son capaces de hacer cosas sin nuestra ayuda.

Coordinación

“¿Por qué no suena como yo quiero?”. Es el siguiente paso. Ya sabe que es capaz de producir sonidos, pero querrá que suene de una manera determinada y para eso va a tener que ser capaz de realizar movimientos coordinados.

Que su mano haga exactamente lo que imagina en su cabeza.

Tendrá que entrenar, pero a través de la música y del ritmo será un niño cada vez más habilidoso.

Memoria

“¿Cómo era? Dos golpes rápidos y uno lento…” Tercer paso de este gran descubrimiento: el ritmo requiere coordinación y repetición, y en esa repetición el ingrediente principal es la memoria.

Por primera vez, pondrá a prueba su capacidad para recordar secuencias de sonidos y poder así repetirlas.

Le va a hacer falta tener bien entrenada la memoria más adelante, ¿verdad?

Deja que descubra por sí mismo cuánto la necesita y que empiece a ejercitarla a través de la música.

Emociones

“¿Cómo les digo que estoy contento?”. Un niño pequeño no sabe aún identificar qué es lo que siente y mucho menos decírnoslo.

Sin embargo, la música le permite sacar esas emociones aún sin clasificar.

“La música abre las puertas del corazón y sostiene el espíritu”

 Lenguaje

“¿Y si aprendo eso que dice mamá como si fuera una canción?”. Sí, aunque te parezca mentira, los niños aprenden a hablar gracias al ritmo.

Cuando descubren las secuencias de sonidos y las retienen en la memoria para repetirlas después, están descubriendo la fórmula para aprender a hablar.

Al fin y al cabo, una palabra o una frase son para sus oídos una secuencia de sonidos pronunciados con un determinado ritmo. ¿Lo habías pensado?




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